¿Cómo o cuando comenzó todo?

Desde mi infancia en Santiago, desde mi padre criado en el campo del sur de Chile en la Araucania, entre colonos y mapuches y su forma y costumbres para ver y vivir la vida. Desde mi madre criada en la capital, en tiempo sociales difíciles, ella siempre muy trabajadora y que buscaba darnos una mejor calidad de vida.

Entre los años 85 al 92 aprox., mi infancia la viví en una comuna a una hora de Santiago Centro, en La Florida, un lugar en esa época, sub urbano. Nuestra casa estaba a metros de un gran bosque, con chacras, fabrica de ladrillos, muchas moras y cequias de agua para el riego, ese espacio nos acerco mucho a la vida al aire libre, a lo natural, mucho juego en la calle, en el bosque, metida en el agua, enterrando (y desenterrando) mascotas y armando casas de ramas. Mi padre fue el principal impulsor de paseos al bosque, nos dejaba ir a pies pelados, aunque de regreso llegáramos mi hermano mayor y yo, llorando con los pies llenos de espinas. Con mi hermano mayor nos llevamos por 11 meses, casi gemelos o mellizos, pero con estados de salud muy distintos, el era enfermo crónico respiratorio, no podíamos ir a la playa, cada invierno pasaba por fuertes bronquitis o neumonias, con medico a domicilio, con instrucciones para despejar sus vías aéreas de emergencia con un lápiz a modo de visturi y abrir su traquea, mucha medicación. Mientras por mi parte tuve una salud normal en general, solo un simple resfrío al año y como si nada, ah! pero ahora que lo recuerdo por algún tiempo sufrí de fuertes dolores digestivos, mi mamá hizo todo el procedimiento medico tradicional sin dar bien con el motivo, al parecer era nervioso, ahora se que era de origen emocional. Recuerdo que mi papá nos daba glóbulos homeopaticos, a mi me encantaban por que son como dulces pequeñitos y los prefería ante los eventuales remedios que me tocaron, que si me tocaba por algo tomar una aspirina, podía fácil tomarme una hora lograr tragarla. Me gustaba mucho también el jarabe de pato miel, a escondidas lo sacaba, cuchareaba también del tarro de 5 kilos de miel que el traía del campo. Disfrutaba absolutamente los lunes vegetarianos y sufría con la dieta carnívora de mi mamá.

Cuando logre ingresar a Scout a mis 10 años, toda esa vida silvestre que tanto disfrutaba se potencio aun más…

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